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«SER SAL Y LUZ»

En nosotros, en cada uno de nosotros, hay una chispa de luz divina destinada a iluminar la pequeña parcela en la que vivimos. En el mundo, como lo afirma el Evangelio, somos la sal que condimenta la vida y la luz que ilumina el sendero por el que otros tienen que reconocer a Jesús. Es nuestro testimonio de vida el que debe ayudar a los demás a acercarse al Señor.

La bondad, el amor, la caridad, la paciencia son la sal con que damos sabor a la vida. Y si dejamos de «salar» el mundo en el que vivimos, si dejamos de ser luz para quienes buscan que alguien los ame y los comprenda, ¿qué será del necesitado? ¿Quién dará esperanza al que es ignorado, amor al que se encuentra desesperado? ¿Quién será el cobijo para el que está solo y abandonado?

Cuando Jesús les habló a sus discípulos diciéndoles «ustedes son la sal de la tierra» los estaba animando a no dejar de comunicar a los demás la luz de Dios que había en su interior. Los desafiaba a que no se dejaran desanimar por la desesperanza.

Muchos podrán pensar ¿Y quién se ocupará de mí? Yo también me encuentro solo y desamparado. También me encuentro necesitado de un oído atento que escuche mis penas y mi dolor, ¿Quién será para mí sal y luz?

Dios jamás abandona a aquellos que se comportan como buenos samaritanos para los demás. Y por ello afirma el profeta Isaías «Si compartes tu pan con el hambriento y albergas a los pobres sin techo, si cubres al que ves desnudo y no te despreocupas de tu propia carne, entonces despuntará tu luz como la aurora y tu llaga no tardará en cicatrizar» (Is, 8, 7).

Muy a menudo nuestros propios problemas dejan de poseer el carácter trágico cuando somos capaces de salir de nuestro propio mundo de lamentos. Cuando nos acercamos al dolor del prójimo, el propio recibe la misma acogida con la que nosotros nos disponemos a abrazar el ajeno.

Ser sal y luz significan ser conscientes de que no podemos pasar por el mundo sin que hayamos puesto algo de nosotros para que sea mejor. Hay muchas personas que no conocerán lo que es el amor desinteresado si tú no se lo entregas. Muchos, que jamás comprenderán su propio valor si tú mismo no se los muestras. Hay quienes no sabrán lo que significa ser respetado si tú no lo haces.

Javier Rojas, SJ
Director Regional de la Red Mundial de Oración del Papa
Argentina-Uruguay-Paraguay

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