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RECIBIR EL EVANGELIO

Si preguntáramos a muchos de los que reciben misioneros en sus casas, si de verdad con esa visita recibieron el “evangelio”, es decir una buena noticia ¿qué respuestas recibiríamos? Recordemos que Evangelizar viene de la palabra Evangelio que significa Buena Noticia.
En la misión de los 72 discípulos (Lc 10,1–11), Jesús les informa acerca de “la realidad” a la que son enviados, les da indicaciones sobre qué llevar y también instrucciones sobre cómo actuar. Enseguida les ubica en “la casa” donde llegarán. Esta casa puede ser la mía, la de mi vecino, o de cualquier persona que vamos a visitar.

En “estas casas” podemos encontrar muchas personas necesitadas de consuelo, de comprensión, de salud física y espiritual, porque viven situaciones conflictivas, difíciles, complejas. Esperan un Señor misericordioso.

Sin importar cuál sea la realidad en “esas casas”, estamos llamados a llevar la buena noticia, el Evangelio de un Dios que ama gratuitamente y sin condiciones. Por eso, la primera indicación de Jesús, muy llamativa, es llegar “a los hogares” como una “bendición”, sin prejuicios ni discursos preparados; con palabras de bondad, humildes, desprovistas de imposiciones y leyes, con entrañas de misericordia. La consigna es hacerse uno con los que allí habitan, respetándolos y acogiéndolos en su ser. El Reino de Dios llegó hasta ellos en los misioneros que los visitan.

La no acogida del Reino de Dios es una pérdida para aquellos, que pudiendo descubrir y acoger la paz y la misericordia del Padre, se niegan a abrirse a esa experiencia. Por ello nos disponemos, con pasión y creatividad, para seguir sembrando, porque “la cosecha es abundante, pero pocos los obreros”.

Jesús fue buena noticia, bendición, porque estaba profundamente convencido que Dios es Padre bueno; para Jesús Dios era el Abba. Él andaba por Galilea, entrando en “las casas” y en las vidas de las personas que encontraba en el camino, comiendo lo que ellos le ofrecían, porque eran pecadores, pobres y enfermos; se hacía querer, los acogía y les devolvía la confianza en el Dios Amor.
Por algo la instrucción de envío de los evangelios dice que al llegar es importante decir “la paz a esta casa”, porque en realidad los que llegan son “mensajeros de paz y pacificadores”. Cuando Dios llega a una casa, su reinado se ofrece a los que la habitan.
¿Cómo hacemos presente el Reino de Dios a aquellas personas, hermanas y hermanos nuestros, que viven situaciones de dolor, de soledad, en ambientes hostiles, violentos, agresivos, inmisirecordes? ¿Cuál es la verdadera actitud misionera, el comportamiento que hará presente a Dios Padre en medio de ellos?

CARLOS CANILLAS, SJ

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