Es%202%20octubre

Por la evangelización: Derechos de los trabajadores y desempleados.

«Por el mundo del trabajo, para que a todos se pueda asegurar el respeto y la protección de sus derechos y se dé a los desempleados la oportunidad de contribuir a la construcción del bien.»

El trabajo es fundamental para no vivir con sensación de parásito. No tener trabajo corroe una de las dimensiones medulares de la existencia, no solo porque no se puede ganar el dinero suficiente para vivir, sino porque paraliza o elimina uno de los desafíos que nos van configurando como personas creadoras y resistentes. En el trabajo somos creadores, pero también afrontamos rutinas y cansancios en los que nuestro ser se fortalece y crece en su capacidad de darse a los demás. Cuando trabajamos, también nosotros somos trabajados por la tierra, el mar o la madera.

«El contacto con las cosas mata las exigencias de nuestra carne. Sin embargo, esto solo es posible si se sabe descubrir, a través de ellas, la presencia de Dios, que somete a sus criaturas a la ley del trabajo para liberarlas de sí mismas. No por ello el trabajo deja de ser trabajo; es más, puede decirse que solo el hombre que conoce el verdadero sentido del trabajo puede afrontar su dureza en la lucha con el mundo impersonal de las cosas. Sin embargo, al encontrar detrás de las cosas la presencia personal de Dios, el cristiano logra descubrir la unidad entre oración y trabajo, la unidad del día. Comprende así lo que significa el “orar sin cesar” del apóstol Pablo (1 Tes 5,17)» (Dietrich BONHOEFFER).

El trabajo es una de las situaciones donde podemos unirnos a Dios con más intensidad, experimentando un sentido que nos llena de sabor el paladar y nos hace fuertes y creadores. Esta posibilidad está hoy deteriorada por la explotación de los ritmos abusivos, el sometimiento a horarios y tareas que destruyen la vida, la falta de iniciativa personal en acciones mecánicas y prefijadas en la cadena de producción, y por el miedo a salirse del guion establecido, que puede dejar a un obrero sin trabajo en estos tiempos de precariedad laboral. Al percibir la dignidad del trabajo y su sentido, no tendrá temor Jesús en comparar al Padre con el podador de la viña (Jn 15,1), ni con el agricultor que siembra la semilla en el surco (Mc 4,26). Cuando el trabajo cotidiano encuentra su sentido de unión y colaboración con el Dios de la vida, nos llena de devoción como una liturgia bien cuidada. (Extracto Letra pequeña. La cotidianidad infinita. Santander, Sal Terrae, 2015).

Javier Rojas, SJ
Director Regional
de la Red Mundial de Oración del Papa
Argentina-Uruguay-Paraguay

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