La%20alegr%c3%ada%20del%20evangelio

La alegría del Evangelio

Una nota característica de quien vive el estilo de Jesús es la capacidad de alegrarse con la felicidad del otro. Aún cuando no seamos protagonistas directos de esa felicidad, porque estemos atravesando momentos difíciles. 

¿O es que sólo nos alegramos por la felicidad de los demás, si somos nosotros mismos la causa o los protagonistas de ella? Es maravilloso encontrarse con personas que tienen la capacidad de sonreír ante los logros de los demás, cuando ellas mismas pueden estar atravesando por situaciones difíciles y complicadas. Contrariamente, sorprende la gente que ha hecho alianza con la tristeza y se empecina caprichosamente por encorvarse sobre sus propios problemas. Es admirable las horas que podemos pasarnos «dándole vueltas» a nuestros pensamientos que destilan amargura y resentimiento. 

Todos sabemos que la alegría en este mundo no será completa, pero no podemos olvidar o dejar de lado, esas pequeñas y preciosas manifestaciones de alegría de los demás para contagiarnos de ella. Dios nos consuela también a través de las alegrías de los otros.

Aprender a sonreir con la felicidad del otro es una actitud contraria a la del mundo que nos quiere convencer de que sólo se puede ser feliz, si logramos conseguir y conquistar todos nuestros sueños. También podemos ser felices compartiendo las alegrías de los demás. Quien aprenda y desarrolle esa capacidad de salir de los propios pozos de amargura estará cada vez más cerca de ser un ciudadano del Reino de los cielos.

Escuchamos muchas veces que los verdaderos amigos son aquellos que te acompañan y apoyan en los «momentos difíciles», pero creo que este pensamiento es incompleto. Los verdaderos amigos son los que también sonríen con nuestras alegrías, estallan de gozo cuando nos ven felices y se emocionan con nosotros cuando obtenemos logros. Mostrar pena y compasión por el que sufre cuando yo estoy bien es fácil, pero alegrarse por el otro cuanto yo me encuentro en una situación difícil, significa haber ensanchado las fronteras del corazón más allá de los alambrados del egoísmo.

Tal vez por eso dijo Jesús que el Reino de los Cielos es semejante a las bodas que un Rey preparó en honor de su hijo, porque para entrar a participar de la alegría de los demás hay que ser capaz de salir de uno mismo.

Para terminar, quiero compartir contigo este pensamiento de José Luis Martín Descalzo «Una buena sonrisa es más un arte que una herencia. Algo que hay que construir pacientemente, laboriosamente, con equilibrio interior, con paz en el alma, con un amor sin fronteras. La gente que ama mucho sonríe fácilmente, porque la sonrisa es, ante todo, una gran fidelidad a sí mismo. Un amargado jamás sabrá sonreír. Menos, un orgulloso»

Javier Rojas, SJ
Director Regional
de la Red Mundial de Oración del Papa
Argentina-Uruguay-Paraguay

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