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Jesús, entrega e invitación

Jesús nos amó y en su inmenso amor hacia nosotros, se hizo eucaristía. Toda la vida de Jesús podemos resumirla en dos palabras, entrega e invitación. Su vida, desde el mismo instante de la anunciación del Ángel a María es una constante entrega, al mundo, a la humanidad, y muy especialmente, a cada uno de nosotros, a ti, a mí. Una vida de entrega, que no se guardó nada, lo dio todo, sus ejemplos, sus palabras, su cuerpo, su sangre. Nos dio hasta a su Padre, al hacernos hijos.

En la entrega de su vida, que no es más que amor derramado al mundo y a la humanidad toda, Jesús nos muestra cuál es la dinámica interna de su relación con el Padre, el darse, el dejarse conducir por el amor, y nos invita personalmente a ser partícipes de esa relación.
Jesús no nos exige, no nos fuerza, sólo nos invita. Nos invita a vivir como Él vivió, a darnos como Él se nos dio, a construir el Reino de su Padre como Él lo hizo. Y, ¿cómo lo hizo Jesús?

Como plenamente Hombre, Jesús, buscó en todo momento seguir la voluntad de su Padre, de nuestro Padre, estando disponible la construcción del Reino; estando disponible para recibir la voluntad del padre, que es lo mismo que recibir al Padre.
Solemos pensar que estar disponibles para Jesús, para Dios y su gran plan de salvación, nos exige primero estar libres de nuestros afectos, y no es así, esas ideas son totalmente humanas. Estar disponibles para Jesús, es sólo estar dispuestos a ser amados por Él, y disponernos a ser transformados por su amor. Nos olvidamos de que nunca dependerá de nosotros el primer movimiento, pues Él nos amó primero, desde siempre.

Él sabe, mejor que nosotros mismos, de nuestros límites, de nuestras falencias, de nuestros dolores y miedos; y cuenta con ellos, está con los brazos abiertos esperando que nosotros nos “dispongamos” a recibirlo para que pueda Él, amarnos; para que pueda transformarnos y así ser verdaderos instrumentos de su amor en el mundo.

Hoy, como ayer y siempre, Jesús nos invita a estar disponibles para recibir su amor y redimidos por Él, participar en la construcción del Reino, y así participar de la intimidad con Él, que será también la intimidad con el Padre.

Fernando IanchinaRMOP Argentina – Uruguay - Paraguay

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