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INTENCION UNIVERSAL: POR LOS ANCIANOS.

«Por los ancianos, para que, sostenidos por las familias y las comunidades cristianas, colaboren con su sabiduría y experiencia en la transmisión de la fe y la educación de las nuevas generaciones.»

Si contempláramos la realidad que nos rodea y las situaciones que vivimos con los ojos con los que mira un anciano, nos daríamos cuenta que las luchas que enfrentamos no son todas tan decisivas como creemos. 

Muchas personas pasan la mayor parte de su vida combatiendo con los demás. Están convencidas que deben generar cambios, corregir defectos -más ajenos que propios- en lugar de cultivar sus virtudes. Los ancianos tienen una mirada más serena sobre la realidad. Contemplan lo que viven a un ritmo muy distinto, como si esperaran simplemente a que acontezca lo que ha de suceder de todas maneras.
Me gusta enormemente contemplar a un anciano sentado en la plaza, en la mesa familiar los domingos, en la sala de un hospital mientras espera ser atendido, o en el banco mientras espera su turno para cobrar su jubilación. Tienen una serenidad que sorprende. Todos sabemos que llegará el momento que todos estamos esperando, pero ¿por qué ellos lo hacen con serenidad a diferencia de nosotros que lo hacemos, a veces, con tanta ansiedad y desesperación? Nosotros decimos que queremos ganar tiempo, y sin embargo ellos parecen ser tan «ricos en tiempo»

La vida tiene su propio ritmo, y por más que nos apresuremos, las cosas sucederán a su debido tiempo. Lo que debe llegar, llegará. Lo que deba acontecer, acontecerá. Y lo que debe pasar, parará. Esto no es «pasividad» sino más bien reconciliación con la vida. ¡Cuántas veces creemos que todo depende de nosotros, y sólo de nosotros! Alimentamos el ego todos los días diciéndonos a nosotros mismos que somos los «únicos protagonistas» del cambio que necesitamos, sin darnos cuenta que el fluir de la vida, también tiene mucho que decir. Recuerda, por más ansiedad que tengas, las «cosas» llegan a su tiempo. 

Los ancianos son personas reconciliadas con la vida, están hermanados con el ritmo vital y no pretenden inclinar la balanza del tiempo hacia ellos, sino más bien se disponen a esperar que la vida los toque, santificando ese momento. 

Admiro la serenidad de los ancianos. La fuerza que hay en ellos, la voluntad de hierro que corre por sus venas. La mirada amable sobre la realidad y la convicción profunda de que «todo tiene su tiempo y cada cosa su tiempo bajo el sol» (Ecl 3, 1). Cuidemos a quienes han transitado la vida y tienen una sabiduría que comunicarnos.

Javier Rojas, SJ
Director Regional
de la Red Mundial de Oración del Papa
Argentina-Uruguay-Paraguay

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