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AMOR: EL PRINCIPIO DE LA VIDA

Se han escrito muchísimas páginas sobre el amor. Seguiremos interesándonos por ello siempre, porque -conscientes o no- buscamos sentirnos amados, cobijados por el amor.

Este deseo profundo de ser habitados por el amor incondicional está presente desde nuestro origen. Antes de abrir los ojos a la vida, Dios nos dio el ser, y nos sostendrá, desde el amor y para el amor. Así somos creados independientemente de la manera en que fuimos concebidos. Dios en su bondad infinita crea nuestra existencia desde su ternura y eso nos da la capacidad para amar de la misma manera que él.

Para sentirnos amados y contenidos en este amor necesitamos dejarnos amar primero. El Señor siempre tiene los brazos abiertos para acogernos. Su amor es eterno y sin condiciones y nos lo ofrece sin pedirnos mérito alguno.

El amor de Dios es lo único que nos sostiene. En cada etapa de nuestra vida, en los momentos dulces y amargos, en los gozosos y en los tristes, en las decisiones y cambios difíciles, él nos acompaña y nos habla también a través de las personas que aparecen en el camino. El amor que Jesús nos da es una gracia que nos hace descubrir el amor que tiene por el mundo. Nos llena de sabiduría para saber elegir bien en la vida. Su amor, es un abrazo que comenzó en las entrañas de nuestra madre y será eterno.

Si por algunas circunstancias de la vida pierdes de vista ese amor entrañable que te habita, cierra los ojos, respira hondo y llama al Amor que vive en ti. De tu interior brotará, como un manantial, una fuente inagotable de paz. El amor más que concepto y reflexión es una experiencia que vivimos con todo nuestro ser en comunión con quien nos amó primero.

Abre tu corazón y déjate amar. Solo sintiéndonos muy amados podemos amar a los demás.

Elisa Almanza ArguetaPeriodista
Monterrey – México

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