marzo 1, 2020
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Oremos para que la Iglesia en China persevere en la fidelidad al Evangelio y crezca en unidad

Oración

Señor Jesucristo,
que enviaste a sus discípulos
para llevar por todo el mundo la Buena Noticia,
inspira a nuestros hermanos y hermanas que te siguen
en este gran país, China.
Que tu Espíritu conduzca a los responsables de la Iglesia
a tener en su corazón el deseo de diálogo, apertura,
paz y reconciliación.
Este mes, nos comprometemos a estar más unidos
a nuestros hermanos y hermanas en China que,
a través de muchas dificultades,
creen en Ti y profesan tu Nombre.
Que tu Amor sea para cada uno de ellos su fuerza y su gozo.
Padrenuestro…

 

Oración de ofrecimiento

 

Padre Bueno, sé que estás conmigo. Aquí estoy en este nuevo día. Pon una vez más mi corazón junto con el Corazón de tu Hijo Jesús, que se entrega a mí y que viene a mí en la Eucaristía, que tu Espíritu Santo me haga su amigo y su apóstol, disponible a su misión de compasión. Pongo en tus manos mis alegrías y esperanzas, mis trabajos y sufrimientos, todo lo que soy y tengo, en comunión con mis hermanos y hermanas de esta Red Mundial de Oración. Con María, te ofrezco mi jornada por la misión de la Iglesia y por las intenciones de oración del Papa y de mi Obispo para este mes. Amén.

Propuestas para el mes

Si no vives en China:

  • Procura conocer mejor la realidad de la Iglesia en China, su historia, su situación política y religiosa.
  • Organiza, en la propia comunidad, un momento de oración para pedir por los católicos de China y también por todos los cristianos que, en todo el mundo, sienten límites a su libertad religiosa.
  • Procura en la medida de lo posible, mantener algunos encuentros con la comunidad china en los lugares donde vives, buscando conocer sus costumbres, tradiciones y riqueza cultural, favoreciendo un clima de fraternidad y acogida.

Si vives en China:

  • Lee la parábola del Buen Samaritano e imagina que el hombre que está en el camino es la Iglesia que necesita reconciliación. Piensa en lo que significa que Jesús, en lugar de juzgarla, se acerca a ella, la sana y la carga sobre su propia montura.
  • Organiza, en la propia comunidad, una oración pidiendo a Dios el don de la reconciliación y de la unidad de todos los católicos y, en particular, que derrame el aceite del consuelo y el vino de esperanza sobre las heridas y divisiones del pasado.
  • Al final de una oración comunitaria, propone a la comunidad, junto con otros católicos, plantar un árbol, pidiendo a Dios que haga florecer en nosotros el deseo de una Iglesia unida y fraterna que lo alaba y le sirve en una casa común.
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