La persona en el centro

mayo 14, 2021
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Francisco pone su mirada en este mes de mayo en los responsables del mundo financiero y en su colaboración con los gobiernos, con el fin de regular el campo de las finanzas. En el trasfondo de la intención se encuentra la protección de los ciudadanos: la persona.

Leyendo someramente y sin profundizar, pudiera parecernos que la intención de este mes nos queda algo lejos a la mayoría de nosotros, que, ni somos responsables del mundo financiero, ni miembros de los gobiernos. Pero, como en todas las intenciones que mensualmente nos propone en Papa, las posibilidades concretas de acción en nuestra vida cotidiana son múltiples.

Para centrar el tema, quizá sea necesario mirar la intención de oración en clave de la persona y sus relaciones. Las personas son, en definitiva, el centro y la clave de la intención. Francisco nos habla, con frecuencia, de la economía y las finanzas como ocasión de encuentro, de diálogo, de reconocimiento de derechos y de prestación de servicios. El desafío de este mes nos invita a reflexionar y mirar la propia vida en relación con esta temática, desde una doble perspectiva.

En primer lugar, nos llama la atención en relación con nosotros mismos y nos invita a revisar cómo es nuestra conducta (nuestras “pequeñas” corrupciones, evasiones fiscales y de impuestos…), nuestro consumo, nuestra cultura de “usar y tirar”, nuestra obediencia, a veces ciega, a la mano invisible del mercado… No somos bienes de consumo. Y Francisco nos invita, con esta intención, a relativizar el dinero y el poder, a no buscar tanto tener más, como ser más.

En segundo lugar, es también una invitación a revisar nuestras dinámicas y nuestras relaciones con los demás: ¿anteponen a la persona o a la economía y el dinero? ¿son altruistas o utilitaristas? Las elecciones cotidianas, ¿ayudan a favorecer el bien social, ofreciendo oportunidades de desarrollo a todos? En definitiva, nuestras acciones ¿están encaminadas a no dejar a nadie atrás, a no descartar a ninguno de nuestros hermanos y hermanas? ¿Vivimos de verdad una solidaridad generosa y desinteresada, poniendo nuestros bienes al servicio de bien común?

Para poder llevar a cabo este programa es necesaria, sin duda, una profunda renovación de nuestro corazón (conversión). Pidamos, durante este mes, esta conversión personal, a la vez que oramos y nos movilizamos para que los responsables del mundo financiero y los gobiernos pongan todo su empeño en luchar contra los desequilibrios, en la condonación de la deuda de los países que más lo necesitan, en la colaboración entre entidades locales e internacionales que trabajen a favor de la erradicación de la pobreza, a ayudas a vivienda, escuela, electricidad y agua potable, y en trabajar por una vida digna para todos, desde los niños a los ancianos.

David Fornieles
Coordinador Nacional
MEJ – España

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