Reza cada día

Habitados por Cristo

  • Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre, y ustedes están en mí y yo en ustedes (Juan 14,20)
  • …y vendremos a él y haremos morada en él (Juan 14,23)
  • Permanezcan en mí, como yo en ustedes… Permanezcan pues, en el amor que les tengo. (Juan 15, 4 y 9)
  • No soy yo quién vive, es Cristo que vive en mí (Gálatas 2,20)
  • ¿Acaso no saben ustedes que son templo de Dios, y que el Espíritu de Dios vive en ustedes? (1 Corintios 3,16-17)
  • Si lo que oyeron desde el principio permanece en su corazón, también ustedes permanecerán en el Hijo y en el Padre. (1 Juan 2,24)
  • Que Cristo viva en sus corazones por la fe… (Efesios 3,17)
  • Reflejamos la gloria del Señor, y nos vamos transformando en su imagen misma… (2 Corintios 3,18)

En el exceso de su amor por nosotros, Dios desea habitar en nuestros corazones. Es la sorprendente promesa que Cristo hizo a sus amigos antes de morir. Dios quiere establecer su morada en cada uno de nosotros. San Pablo da testimonio de ello al decir que ya no es él quien vive, sino Cristo que vive en él. Es el horizonte definitivo hacia el cual el Espíritu desea llevar al cristiano. Es la identificación total con Cristo en cuerpo, alma y espíritu. Es lo que deseamos y pedimos cada día, con corazón de pobre, sabiendo que alcanzarlo no será jamás fruto de nuestros esfuerzos. Creemos que esta identificación con Cristo nos es dada de modo privilegiado en la Eucaristía. Él mismo viene a nosotros en su Cuerpo y su Sangre y nos moldea interiormente según su Corazón, a fin de ser y actuar como Él.

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