Reza cada día

El corazón humano, inquieto y necesitado

  • ¡Dios mío, tú eres mi Dios! Con ansias te busco, pues tengo sed de ti; mi ser entero te desea, cual tierra árida, sedienta, sin agua. (Salmo 63,1)
  • Desde lo hondo clamo a ti Señor, Señor escucha mi voz… (Salmo 130,1)
  • Felices los pobres de corazón, porque de ellos es el Reino de los Cielos. (Mateo 5,3)
  • ¿Adónde te escondiste amado, y me dejaste con gemido?… (San Juan de la Cruz, Cántico Espiritual)
  • Nos hiciste para ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que no descanse en ti. (San Agustín, Confesiones)

Anhelamos la felicidad y la buscamos por diversos caminos. Recibimos de Dios el don de amar y vivir la vida con generosidad. Sin embargo, muchas veces nos experimentamos pobres y desorientados, entre frustraciones y deseos profundos, incapaces de resolver nuestra crisis personal y de encontrar la paz interior. Proponemos aquí un itinerario de fe, de oración y de vida, adecuado para quien está en búsqueda interior, reconoce su necesidad espiritual y quiere recibir a Jesucristo en su corazón. Es el camino de los humildes, donde la propia debilidad y vulnerabilidad no son un impedimento sino más bien el mejor capital para el encuentro con un Dios que se inclina hacia el pobre.

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