Si no escuchamos la palabra, sino compartimos con Él la mesa, no podrá surgir en cada mejino una misión de amor para con los demás.

María encarnó el corazón compasivo de Jesús y después de la cruz le tocó la tarea de “recoger” la diáspora y vendar los corazones desgarrados.

Orar está en el centro de la misión y la vida del apóstol de Cristo.